13Seprabietas

Cómo gestionamos las rabietas

Me gustaría comenzar este post hablando del término “rabietas”.

No me gusta.

Siento que la denominación rabietas infantiles tiene una connotación despectiva.

Y además, parece algo exclusivo de los niños, cuando no es verdad.

Es decir, si utilizamos ese término, (las rabietas en niños) que al menos sea para identificar esa explosión emocional intensa que nos invade a todas las personas, independientemente de la edad.

Porque confiesa comadre... ¿tú no tienes “rabietas”? Cuando explotas y salen sapos y culebras por la boca, ¿qué es lo que tienes? ¿Dirías que se parece mucho a una “rabieta” en versión adulta? Sí, ¿verdad?

Sin embargo nos sentaría fatal que nuestra pareja, cuando nos encontramos en ese momento explosivo nos dijera algo así: “madre mía…. vaya rabieta, pufff… te estás poniendo insoportable eh cariño? Calla un poco porque estás molestando a todo el mundo…”

¿Cómo te sentirías? Ridícula, pequeña, insignificante, sola, incomprendida… y sobre todo, ¿te ayudaría ese comentario?

Bueno, pues tras este análisis… ¿no te parece que podría ser muy interesante encontrar otro nombre un poco más respetuoso para todos?

¿Me ayudas? Puedes dejar en los comentarios tu reflexión y tu propuesta! Un sinónimo para rabieta... ¿Cuál sería?

Y ahora me apetece compartir contigo cómo hemos gestionado en Villa Comadre una de las últimas “rabietas” a las que nos hemos enfrentado…

Ha sido estas vacaciones. El primer día para ser exactos.

Tras un buen caminito en Camper, muchos kilómetros con una paciencia 10 de cohijos y una equivocación de aquí, la comadre, (un despiste con el link del destino que hizo que tuviéramos que alargar el camino 15 minutos más…), por fin llegamos a destino.

Ganas de ir a la playa, que la teníamos a 40 metros.

Pero antes… tocaba sostener una “rabieta”.

Cohija estaba pintando su nombre sobre su propio antebrazo con unos bolis preciosos que le había regalado la abuela.

Al llegar a la R, le salió mal. Y esto provocó la explosión.

¿Cuántas veces os ha pasado algo parecido a esto? Estamos todos tan contentos, todo fluye, y de repente, “se tuerce” y todo se estropea.

Al final esto es un juicio desde nuestro punto de vista adulto. Me explico…

Todo fluye, no hay llantos ni quejas… y nuestra necesidad de calma, está satisfecha.

Cuando un niño o una niña entra en esta explosión, sentimos que todo se viene abajo, que esa calma, se destruye y que están “estropeando” el rato o el plan tan bueno que teníamos…

Sin embargo, rara vez tenemos en cuenta que cuando esto ocurre, es porque ellos tienen una necesidad distinta. Obviamos de alguna forma los motivos de las rabietas

¿Cuál? La de desahogo… necesitan canalizar muchas emociones, o una sola, pero.. ¿por qué tu necesidad ha de ser más importante que la suya?

La gran diferencia es que,  es muy probable que la más urgente, en esta situación, sea la suya.

La nuestra, vendrá después, cuando consigamos acompañar a nuestra hija o hijo en esa intensidad…

Además, ten en cuenta que el motivo por el que comienzan a llorar, es sólo la gota que colma el vaso, la guinda del pastel… Es sólo es el detonante.

Te invito a mirar más allá de eso que le ha hecho explotar. Eso que a menudo juzgamos como “una tontería o una bobada”

Me atrevería a afirmar que siempre hay unos cuantos motivos acumulados detrás cuando hablamos de niños pequeños.

En este caso fue un viaje muy largo. Muchas ganas de quejarse y llorar en el camino, cansados hambrientos, pero que por consideración quizás no lo han hecho (tiene mucha conciencia en ese sentido), celos de su hermano porque en ese momento estaba echándole la crema a él, y seguro que alguna cosa más.

Fueron 45 minutos de llanto, de “me quiero ir a casa”, de “mamá ven” pero cuando acudía me rechazaba.

¿Os pasa? Muchos peques reaccionan así. Es su forma de decir “te necesito cerca pero lo suficientemente lejos”. Y a veces ese equilibrio se hace complicado.

Todo depende de las prisas.

En ese momento me di cuenta de lo importante que es aprovechar estos momentos en los que 45 minutos nos son nada. No nos esperaba nadie.

¿Cuántas veces, en nuestro día a día, no disponemos de ese tiempo para acompañar esta intensidad emocional?

¿Cuántas veces nos vemos atrapadas en el “venga, que llegamos tarde”?

Te propongo aprovechar al máximo esas oportunidades en las que no hay prisa (cuidado, el sistema está organizado de tal manera que a veces creemos que tenemos prisa, pero no es verdad).

Después de sostener toda esa explosiva canalización de emociones, todo volvió a la normalidad.

Su mirada de agradecimiento hizo además que todos nos sintiéramos muy orgullosos de nuestra gestión.

Y aquí hago una parada…

¿te “castigas” y culpabilizas cuando gestionas mal un conflicto? ¿Qué haces cuando se te escapa el grito, la amenaza o el desprecio?

Somos expertas en sentirnos mal, en repetirnos lo mal que lo hemos hecho.

Sin embargo cuando lo hacemos bien, no nos dedicamos el mismo tiempo. Para felicitarnos, para darnos la enhorabuena, para sentir la satisfacción de gestionar bien una situación difícil.

Te invito a hacer este ejercicio de dedicarte el mismo tiempo cuando lo haces bien del que te dedicas cuando no lo haces tan bien.

Así que sin más, nos fuimos a la playa.

La tarde fluyó… Temperatura magnífica, puesta de sol, arena, siesta en bracitos de mamá, castillos, olas, cena en la playa… conexión.

Gracias comadre por leerme.

Juntas, seguimos sumando.

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decomadreo

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