5OctFamilia Tóxica a Familia Conectada, Mal Ambiente Familiar con Rocío Yllas de Decomadreo

Mal Ambiente Familiar II | De Familia Tóxica a Conectada

¿Cómo habéis sentido el primer post sobre mal ambiente familiar comadres?

A veces resulta doloroso hacer frente a una realidad que quizás no estábamos viendo. Cuando nos paramos a mirar cómo vivimos, cuál es nuestra forma de relacionarnos y con qué actitud hacemos frente a nuestro día a día, vemos un reflejo que no nos gusta.

Identificarnos en conductas propias de una familia tóxica, es doloroso. Y a menudo, no encontramos la manera de salir de ahí, porque esa situación nos tiene bloqueadas.

Así que en mi post de hoy quiero poner el foco en cómo podemos reconducir estas situaciones para que nuestra familia goce de una salud mental óptima.

Esa es la buena noticia, que podemos revertir ese mal ambiente familiar, esa toxicidad familiar, esos conflictos constantes, esas malas caras, esa pasividad y esa tensión.

Ser consciente de ello es el gran paso. Y si te encuentras leyendo esto y sintiéndote identificada, ya has comenzado ese camino.

Si no has leído el post anterior: Mal Ambiente Familiar I | Factores que influyen y cómo identificarlo; te invito a hacerlo ahora y que después puedes volver aquí. Pero es importante que puedas identificar qué está ocurriendo en el núcleo familiar, qué tipo de mal ambiente es el que se ha colado en vuestro hogar y cómo te sientes al respecto.

Cuando has logrado identificar todo esto, podemos pasar a la acción. Son muchísimos los cambios y micro-cambios que podemos hacer en nuestro día a día para pasar de ser una familia tóxica a una familia conectada.

Pero mi intención es que, a través de este post, puedas llevarte unas pequeñas pautas y una orientación sobre todo aquello que es importante revisar y cambiar en nuestro entorno familiar.

1. Comunicación.

Es uno de los motivos por los que cada vez hay más necesidad de acudir a terapia familiar, ya que la manera en la que nos comunicamos con los que nos rodean marca claramente el tipo de relación que tendremos.

El día a día, las prisas, la rutina, la falta de tiempo… a menudo nos lleva a tener un tipo de comunicación que destruye, que aleja, y que en definitiva, nos desconecta.

La familia tóxica es aquella que se comunica de forma violenta, donde aparece constantemente la amenaza, el grito, el castigo, el chantaje, el desprecio, el insulto y en definitiva la falta de respeto.

Por ello, es importante que repasemos cómo nos estamos comunicando en 2 direcciones:

– Hacia nosotras mismas: si el discurso que tienes contigo misma es destructivo, será imposible que te sientas bien. Tratarnos bien, hablarnos bonito, ser compasivas con nosotras mismas, es el primer aspecto que necesitamos trabajar. No puedes dar a los demás lo que no te das a ti misma.

Por ello, es de vital importancia comenzar por nuestra propia salud mental, trabajando en nuestra autoestima y nuestro autoconcepto. El primer conflicto a solucionar es el que tengas contigo misma.

– Hacia los miembros de mi familia: no siempre tenemos la misma forma de comunicarnos con unos y con otros. Es frecuente que la relación que construimos con un hijo, no sea la misma que con otro. De la misma manera que es también habitual que la forma de comunicarnos con nuestra pareja, diste mucho de cómo lo hacemos con nuestros hijos.

Se trata de ser honesta contigo misma y te pongas delante a cada miembro de tu familia para analizar cuál es la forma en la que te comunicas con cada uno. Quizás te das cuenta de que el exceso de control (y por tanto tu comunicación) es distinta hacia un miembro u otro de tu familia, o que la manera en la que te diriges para pedir algo, no es igual de imperativa con unos que con otros. 

Te invito a hacer un pequeño estudio sobre estas diferencias, tratando de identificar esas conductas en ti y en tu forma de comunicarte para que puedas decidir qué quieres cambiar con cada uno.

La comunicación verbal y no verbal que empleamos en nuestro hogar, marca claramente la dinámica familiar.

Si tenemos una comunicación respetuosa, no violenta, inclusiva, es probable que los distintos puntos de vista se afronten de una manera sana y enriquecedora.

Mientras que si nos comunicamos desde la exigencia o el enfado, los conflictos familiares y el mal ambiente estarán garantizados, síntoma de una familia tóxica.

2. Estilo de Crianza.

Es importante que hagamos un parón para mirarnos y analizar cómo estamos afrontando la crianza y la educación de nuestros hijos.

¿Estás educando como te gustaría? ¿O simplemente sobrevives? Puede ser que ni siquiera te hayas parado a pensar en ello. A veces nos vemos envueltas en esa vida en automático, en ese frenetismo en el que nos hemos (y nos han) metido, y no sacamos tiempo para hacernos este tipo de preguntas.

Ese fue mi caso… nunca se me había ocurrido parar a pensar si como estaba educando era como quería realmente hacerlo o si por el contrario me había metido en ese roll sin elegirlo.

Si me ves o me sigues en redes, sabrás que nuestro estilo educativo durante los 3 primeros años de ser papás, fue el autoritarismo. Ni siquiera lo sabía.

Nos habíamos convertido en una familia tóxica con este estilo de crianza. El círculo vicioso en el que entras cuando no hay equilibrio y coherencia entre lo que quieres ser y hacer y lo que realmente acabas siendo o haciendo, funciona de esta manera:

  • Yo me siento mal (a veces sin saberlo) por cómo estoy educando a mis hijos.
  • Ese malestar se traduce en un peor trato hacia ellos porque necesito volcar mi culpabilidad.
  • Con ese trato y ese estilo de crianza incoherente, nuestros hijos se sienten mal. 
  • Cuando un niño se siente mal, no es posible que se comporte de forma serena y armoniosa.
  • Ese comportamiento fruto del malestar, hace que yo sienta que no los estoy educando bien.
  • Y esa culpabilidad me vuelve a llevar a reaccionar, limitar, controlar, castigar, gritar… 

Y vuelta a empezar.

Así es como muchas familias entran en esta toxicidad donde nadie se siente bien en su papel y todos “se portan mal”.

Así que, en este punto, te invito a analizar si la manera en la que estás afrontando la maternidad, te hace sentir bien o no. Si no te sientes bien y no sabes cómo salir de esa rueda de hámster, pide ayuda. Somos muchas las profesionales que podemos ayudarte.

3. Empatía.

Este punto quizás es el que más olvidado tenemos. Porque de nuevo quiero abordar 2 direcciones:

– Empatía contigo misma (Autoempatía): es necesario que trabajemos desde ya una empatía hacia nosotras mismas como mujeres. 

Tenemos un roll social adquirido que nos ha encasillado (y aún nos encasilla hoy) en un papel de cuidadoras, siempre disponibles y dispuestas para atender a la familia. Que asume la responsabilidad de la casa, de las tareas del hogar y de todo lo relacionado con los hijos en un porcentaje mayor que nuestras parejas…

Un papel de superwoman, que podemos con todo, nos echen lo que nos echen… y si no podemos, sentimos que fracasamos… 

La sobrecarga mental (y a veces incluso física) a la que estamos expuestas las mujeres es tan brutal que no es extraño observar que este sea el principal punto a trabajar para muchas de esas familias tóxicas.

Porque al fin y al cabo, esa sobrecarga y esa autoexigencia es a menudo la semilla de la desconexión con nosotras mismas y con todo lo que nos rodea. Es ahí donde nacen los conflictos, las reacciones automáticas, las ganas de gritar…

Y la realidad es que ese grito lo damos en casa, dirigido a los que más queremos, y sin embargo lo que estamos deseando es gritar al mundo un ¡Basta ya! Un ¡No puedo más! Un ¡Necesito ayuda!

Así que mi invitación aquí es a que empatices con el papel que te ha tocado vivir y que, si te sientes atrapada en un roll que no te permite gozar de una buena salud mental, te pongas en marcha para trabajar en ello y poder gestionar ese cambio y esa liberación, alejándonos de ser una familia tóxica y del mal ambiente familiar.

Sí, se puede trabajar y se puede modificar.

– Empatía hacia los demás: de la misma manera que es necesario comprendernos y empatizar con nosotras mismas, también es de vital importancia que hagamos un trabajo de empatizar con el resto de miembros de la familia. Esto no es una competición sobre quién tiene el peor roll en la familia, o sobre quién se encarga de más cosas. 

Se trata de que podamos crear un clima sano, donde todos podamos desarrollar esa empatía en el núcleo familiar.

A veces, nuestra pareja o nuestros hijos, asumen un papel con el que tampoco se sienten bien. Puede ser que no hayamos encontrado ese hueco, que sintamos que no pertenecemos, o que no importamos. Y esos sentimientos, nunca harán que conectemos…

Abre tu corazón. Hacia ti y hacia los demás. Esa es la única manera de reconducirlo.

Abre tu corazón para poder estar abierta al cambio y a la oportunidad.

Para terminar, te propongo que hoy, ahora, tal y como termines de leer este post, te preguntes lo siguiente:

¿Qué puedo hacer yo para mejorar el mal ambiente en mi familia? Estudia detenidamente tus posibilidades: 

  • ¿Necesitas tiempo para ti?  Perfecto, ¿qué puedes hacer para lograrlo?
  • ¿Necesitas más comunicación? Muy bien, ¿qué está en tu mano?
  • ¿Es un problema de pareja? Ok, ¿qué puedo hacer para cambiarlo?
  • ¿Me siento sola en la crianza? Vale, ¿cómo podría encontrar aliento?
  • ¿Estoy perdida en la crianza y educación de mis hijos? Perfecto, ¿qué podría hacer para encontrar la solución?

Y así una larga lista de preguntas que necesitan una respuesta sobre lo que puedes hacer en cada situación.

Pasemos de ser una Familia Tóxica a ser una Familia Conectada.

Y si no encuentras la respuesta, pónmelo en comentarios o envíame un email y la buscamos juntas.

Gracias comadre, por estar y por ser.

JUNTAS, sumamos.

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