22MarLos Niños no quieren Guerras | Decomadreo | Empatía Infantil

Los Niños no quieren Guerras

¡Hola Comadres! Este post no va a ser muy largo. 

Pero necesito expresarme sobre lo que siento con todo lo que está pasando en el mundo en estos momentos. 

Y permitidme que me centre en los niños. Sé que hay muchas mujeres, hombres, animales, sufriendo las consecuencias devastadoras de las decisiones que se toman desde muy arriba y de la irresponsabilidad constante en la que vivimos desde abajo.

No quiero menospreciar el dolor de nadie, ni pretendo categorizar las desgracias que ocurren en más o menos importantes.

Todas lo son.

Pero lo que es una realidad es que cuanto más cerca tenemos algo, más lo vemos, más lo sentimos y más empatizamos. Y tampoco considero que eso nos haga peores personas.

El nivel de consciencia no es el mismo para todos. Hay personas que dedican toda su vida a luchar por los más desfavorecidos de forma activa. Y no puedo admirarlo más.

Pero también hay personas que suman, que ponen su granito de arena con aquellas causas con las que resuenan.

Y también está quien no ha sentido ese pellizco de la desgracia ajena cuando lo que ha ocurrido ha sido lejos y sin embargo algo le ha hecho click cuando le ha tocado de cerca.

Y entonces nos atacamos unos a otros… 

“Parece que hay guerras de primera y guerras de segunda”.

“Ahora que le vemos las orejas al lobo nos preocupamos ¿eh? Pues hay muchos países en guerra desde hace años”

“Claro, los muertos de la guerra de Ucrania nos duelen más que los de Siria, ¿verdad?”

Y yo me pregunto… ¿nos extraña que estemos en esta situación? ¿De verdad nos parece raro que haya adultos que decidan iniciar una guerra?

Me duele mucho esta actitud que adoptamos cuando alguna desgracia ocurre. Nos atacamos, nos dividimos, invalidamos… eso también es la guerra. Quizás no son armas físicas con las que nos matamos unos a otros, pero libramos batallas en las que también hay heridos.

No nos miramos bonito, no nos tratamos con amor, no nos damos cuenta de dónde está el otro. Se nos llena la boca hablando de empatía pero a la hora de la verdad solo la practicamos en una dirección. 

Es decir, somos empáticos con esa mujer que nos muestran en los medios, huyendo con su bebé en brazos, horrorizada por la destrucción que le rodea y atemorizada por no saber qué va a ser de ella ni de su familia. 

Esta empatía es imprescindible. 

Pero también es la más fácil. 

Sin embargo, ser empáticos con quien no se preocupó de otras guerras pero ahora está sufriendo por la guerra en Ucrania, nos resulta complicado. Y juzgamos su actitud.

Ser empáticos con quien no le preocupa la guerra porque su realidad en este momento ya es lo suficientemente dura como para no saber cómo llenar la nevera a fin de mes, ya no es tan fácil, y lo catalogamos de “problemas del primer mundo” como si fueran poco importantes.

Parece que estamos adiestrados para estar siempre divididos, para creer que nuestro sentir es el sentir que “debería tener todo el mundo” y no nos damos cuenta de que ese es precisamente el caldo de cultivo que provoca las guerras.

Así que estés donde estés, ya sea ayudando presencialmente a refugiados de que huyen de la guerra de Ucrania o en el sofá de tu casa viendo cualquier cosa en la tele para tratar de no pensar en los problemas que ahora mismo te rodean, te invito a parar y a reflexionar sobre esto.

Y no te lo pido pensando en nosotros, en esta guerra, ni en todas las demás que se están librando en este momento.

Te lo pido por los que vienen detrás. Por nuestras hijas y nuestros hijos. 

Porque más allá de que estemos tratando de ofrecerles una buena educación, basada en el respeto, dándoles amor y límites en la justa medida, no se nos puede olvidar que lo que ellos aprenden no es solo lo que nosotros queremos enseñarles. 

Cuando despreciamos el sentir de los que no opinan como nosotros, también educamos. 

Cuando juzgamos que alguien quiera o no vacunarse, también educamos.

Cuando criticamos a los demás porque nunca se preocuparon por las guerras lejanas y ahora lo hacen por tenerla cerca, también educamos. 

Cuando sentenciamos con nuestra opinión que el otro está equivocado, también educamos.

Y lo más importante de todo es que detrás de toda esa educación que les ofrecemos de manera indirecta, a menudo estamos sembrando la separación, la división, la invalidación del otro. 

Ese es el motivo por el que dos personas se pelean. Porque a menudo solo les enseñamos a atender a sus pensamientos y a sus necesidades, pero no tienen un buen modelo de cómo respetamos y escuchamos las necesidades y los pensamientos del otro.

Y es un daño colateral que ellos reciben sin ser nosotros conscientes. Porque nos atacamos en redes, en estadios de fútbol, en bares, en comidas familiares. 

Si no nos gusta la guerra, tendremos que educar para la paz.

No hay otra manera de evitar la batalla que haciendo todo lo posible para que no existan motivos

Y con esto no quiero decir que no tengamos que mostrar a nuestros hijos la importancia de defender sus valores, de tomar sus propias decisiones y de que se sientan libres para tener criterio propio. 

Esto también es vital y si no lo fomentamos, tendremos niños inseguros, complacientes y manipulables. Rasgos igual o más peligrosos que el contrario.

Sin embargo, hay maneras de lograr que adquieran todas esas habilidades incorporando a la vez la comprensión por la circunstancia, la compasión por el que tengo enfrente, el amor por mi entorno, y el respeto como máxima en la vida.

Quizás ahora te estás preguntando cómo podemos lograrlo

Y me daría para escribir algo mucho más extenso, la verdad. Pero voy a resumirlo mucho, rescatando el factor que quizás sea el más importante:

CONVIÉRTETE TÚ EN ESA PERSONA comprensiva, compasiva, amorosa y respetuosa. 

Nuestros niños y niñas están viviendo hechos que pasarán a la historia de manera importante, desgracias que nunca nos podríamos haber imaginado. 

Una pandemia en la que no se les ha mirado ni atendido como prioritarios.

Una situación económica muy difícil en muchas familias que se han quedado sin su fuente principal de ingresos.

Un dolor inmenso por pérdidas humanas de familiares o amigos que han ocurrido en su entorno.

Un cambio radical en la forma de relacionarse en el colegio y fuera de él.

Y ahora una guerra que tenemos lo suficientemente cerca como para sentir desde inquietud en unos hasta absoluto terror en otros.

No soy experta en trauma infantil, pero no es necesario serlo para intuir que todo lo que están viviendo los niños y niñas desde hace 2 años, es terrible y será traumático para muchos de ellos.

Así que si has llegado hasta aquí, te pido una última cosa… 

Aligeremos. El drama está servido. Eso es una realidad.

Pero nuestros pequeños son pequeños. Los niños y preadolescentes que tenemos alrededor, necesitan adultos emocionalmente responsables alrededor

Nos necesitan serenos. 

Y sé que no es sencillo lo que te pido, pero eso no nos exime de nuestra responsabilidad de hacer todo lo que esté en nuestra mano para lograrlo.

No añadamos más problemas innecesarios, no incrementemos el drama que ya estamos viviendo transmitiéndoles aún más angustia.

Informar, resolver dudas, escuchar y validar sobre todo lo que está ocurriendo, es perfecto. 

Pero te invito a hacerlo desde un prisma de seguridad, de aliento, de calma, sin detalles innecesarios que puedan hacerles sentir demasiada tristeza.

Creo que tenemos una oportunidad preciosa para mostrar a nuestros hijos e hijas algo  muy muy valioso: A RELATIVIZAR.

¿Te apuntas? Vivamos ligeras comadres, para que sus mochilas no les pesen demasiado ni hoy, ni en el futuro.

Y como siempre os propongo y os animo… Si sientes que sola no puedes, pide ayuda

JUNTAS, NOS SOSTENEMOS.

Discussion

  1. ¡Maravilloso post, Rocío!

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