2NovLímites a mí misma, aprendiendo a limitar

Límites a mí misma | Limitando con Conexión y Autoempatía

Seguro que coincides conmigo en que sentirte capaz de poner límites a los demás te empodera, ¿verdad? 

¿Recuerdas la última vez que pusiste un límite a alguien? ¿Cómo fue? ¿A otro adulto o a tus hijos? ¿Te costó o te resultó fácil? 

Te invito a conectar con ese momento, a trasladarte a aquella ocasión en la que lograste limitar con firmeza, pero con respeto, sin tensiones incómodas y sin titubeos.

Quizás no tengas ningún recuerdo, y limitar con conexión sea tu gran asignatura pendiente. 

Quizás has conectado con alguno de esos momentos, pero sientes que te gustaría lograrlo más veces.

O puede que los límites sean pan comido para ti.

En cualquiera de los 3 casos te invito a seguir leyendo para acompañarme en una reflexión muy específica sobre los límites: LOS LÍMITES A MÍ MISMA. 

Es curioso como en muchas ocasiones pretendemos en los demás cambios que aún no hemos logrado en nosotras mismas. Es humano y a todas nos ha pasado en algún momento. Pero hacerlo consciente es necesario para poder ser más respetuosas.

Me refiero a escenarios como pretender que mi pareja eduque en positivo siempre (cuando a mi aún me sale el grito o la amenaza), reprochar a la abuela que les da demasiado dulce cuando yo los utilizo si quiero conseguir algo de ellos (que te dejen tranquila en un momento de conversación con otra persona, por ejemplo), etc.

Para realizar cualquier cambio que suponga un crecimiento personal, los cambios han de producirse en una misma. Eso es lo único que podemos controlar. 

Por esta razón, no podemos pretender establecer límites respetuosos con los que me rodean si no soy capaz de conocer y respetar mis propios límites. 

Así que te propongo lo siguiente: pon el foco en ti, en lo que tú necesitas, lo que te permites, lo que aún no pero te gustaría… 

Conocer tus límites y poner en marcha estrategias para poder respetarlos y vivir en coherencia a los mismos, te dará mucha serenidad y una sensación de poder que se aleja mucho de la ansiedad que produce la necesidad de controlar.

Voy a contarte lo que me ha pasado este fin de semana, para que nos pueda servir de ejemplo, ya que estoy segurísima de que el escenario se podrá parecer a muchos de los momentos que hayas podido vivir tú.

Este pasado fin de semana, el terrorífico finde de Halloween, yo celebraba, además de esta fiesta propia de estos días, el cumpleaños de mis dos hijos. La mayor cumplía 6 y el pequeño 4. 

Así que había mucha tarea. Solemos celebrar el cumpleaños de los niños con una fiesta muy divertida, muy larga y con muchos amigos. Aprovechando que cumplen años los dos juntos y que no hacemos muchas más reuniones multitudinarias en nuestra casa a lo largo del año, esta ocasión es perfecta para darlo todo.

Pero podrás imaginarte la lista de tareas con la que me he tenido que relacionar los días previos… ¡Una locura! 

Imagínate… bolsitas de cumpleaños para cada niño, tartas, picoteo, sándwiches, encargos, invitados, juegos, horarios… Todo un evento que me encanta organizar pero que exige mucho tiempo y una importante carga mental.

A su vez, este fin de semana comenzaba mi “nueva sección” en redes sobre Autocuidado. Para mí, el autocuidado real, el que te carga las pilas de verdad, es un asunto serio del que me apetece hablar con todas mis comadres.

Por ello, esta sección trata sobre todos los asuntos que se te puedan ocurrir, dentro del amor a una misma, de los cuidados físicos y emocionales y de mirarnos con compasión y ternura. Desde un producto que me ha funcionado hasta un hábito que haya incorporado, pasando por todo tipo de reflexiones y conversaciones que nos nutran y nos ayuden a mimarnos más y mejor.

Mi idea era grabar unos stories el sábado para hablar de la gestión del tiempo y de cómo esta habilidad puede marcar un antes y un después en ese autocuidado real.

Y es que poco se habla de que el autocuidado va de la mano de la renuncia. Es la cara B de este asunto, y como buena cara B, se escucha poco. Y a mi me parece que a veces, la cara B tenía las mejores canciones.

El sábado se organizaron unas manualidades de Halloween en mi pueblito. Mi idea era que los niños pasaran allí la mañana mientras yo dedicaba un ratito a reflexionar con vosotras sobre ese tema y así dar el pistoletazo de salida a la nueva sección. 

Pero mis hijos no quisieron quedarse solos en aquella actividad, por lo que les acompañé toda la mañana. No me costó renunciar, entendía que se sintieran mejor si yo estaba allí y la realidad era que el otro asunto podía hacerlo en otro momento. 

El caso es que el resto del día no fue posible atender a esta parte laboral y la vocecita vino a visitarme: “tienes que grabar esto mañana sin falta, al final todo corriendo”… ¿te suena?

Lo dejé correr, con la tranquilidad de que el domingo, a pesar de que era el día de la gran fiesta, lograría sacar un hueco por la mañana antes de ponernos en marcha.

Pero la realidad es que apenas dormí. Cohija estaba tan nerviosa por su cumpleaños, que apenas durmió… y decidió que los nervios, acompañados, se llevan mejor, así que yo tampoco dormí prácticamente nada.

El domingo amanecí con muy mal cuerpo y con un día agotador por delante. Todas mis energías (las poquitas que tenía) las volqué en animarme para poder dar lo mejor ese día, tanto a mis hijos como a todas las personas invitadas. 

Y cuando renuncié, la vocecita quiso colarse de nuevo. Así que decidí marcarme un límite. Así, sin más. De manera amable, pero dejándome también muy claro el asunto. 

Y la vocecita ahora decía:

“Mira Rocío, ese tienes que, que te has repetido ya varias veces, no es tuyo. Tú no tienes que nada… así que exprésate mejor. Me gustaría poder hacer, estaría bien sacar un hueco para hacer… Otra fórmula menos normativa y más de conexión por favor.

Pero es que además estás pretendiendo llegar a todo, y eso querida, no puedes pretenderlo. No es generoso pretender llegar a todo. Y tú eres una persona generosa. Así que empieza a responsabilizarte de la situación y decide a qué quieres renunciar

¿Renuncias a atender este rinconcito laboral? ¿Renuncias a disfrutar de la fiesta de cumpleaños? ¿Renuncias a todo porque lo que quieres es ir a dormir?

¿Qué decides, Rocío?

Me di cuenta comadre, de que el autocuidado real está plagado de renuncias. Si decido hacer algo de deporte, renuncio a leer tranquilamente en ese ratito. Si me cuido físicamente con una rutina de cremas o infusiones, o lo que sea, renuncio a ver un capítulo de la serie. Si invierto dinero en algo que me supone un crecimiento, renuncio a dedicar esos recursos en otra cosa que me apetecía…

¿Ves a donde quiero llegar? Los límites a una misma no son fáciles. Requieren de entrenamiento y constancia, de madurez, al fin y al cabo. ¡Pero son tan necesarios para poder limitar todo lo demás!

Así que eliminé el “tengo que” por un “este no es el momento”. Y ya está. Sin culpas, sin remordimientos, asumiendo la responsabilidad de la situación y sabiendo que quizás existe alguna consecuencia. 

Pero me cuido. Porque exigirme llegar a todo, no es respetuoso conmigo misma. Pretender atender todas mis exigencias sin ponerme límites a mí misma desde la autoempatía y la conexión, es no tenerme en cuenta. 

Y si yo no me tengo en cuenta, no podrán tenerme en cuenta los que me rodean. Si yo no me cuido por mí, para mí, porque soy valiosa y lo merezco, no lanzaré al mundo ese mismo mensaje.

Así que ha finalizado este fin de semana con la sección sin comenzar, pero con el convencimiento de que he sido capaz de marcar un límite con conexión que me acerca un poquito más a la mujer coherente que busco ser.

Y que no cese esa búsqueda porque pretender ser coherente (pese a que no lo logremos), nos hace coherentes por definición. 

Ojalá este escenario que te he compartido, resuene con alguno tuyo comadre y puedas reflexionar sobre si marcaste o no los límites que merecías para cuidarte.

Somos seres maravillosos, merecedoras de mucho amor. 

Y los límites van de eso, de amor. No limitar(se) es no amar(se). Los límites a mí misma me permiten aprender a limitar en la vida.

Cuando empezamos a limitarnos a nosotras mismas, mejoramos a la hora de limitar a los niños y aprendemos más sobre la Importancia de poner Límites y Reglas a nuestros hijos.

Comadre, JUNTAS, Sumamos.

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decomadreo

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