31MarCuídate para poder cuidar... ¿En serio? Cuídate como cuidarías a lo más preciado de tu vida. Cuídate para ti. Decomadreo con Rocío Yllas

Cuídate para poder cuidar... ¿En serio?

Al inicio de esta semana tuve un encuentro fantástico con una comunidad de mujeres maravillosas, madres de niños con Altas Capacidades.

Silvia (@cuandonaceunamadre en Instagram) me invitó a una de sus reuniones para compartir con ellas mi opinión y experiencia acerca de este tema tan importante. 

Una de las reflexiones que hicimos giraba en torno a esta frase que veis en el título:

“CUÍDATE PARA PODER CUIDAR”

¿Qué os dice esta frase? Son muchas las publicaciones en redes sociales que nos hablan de la importancia del autocuidado.

Pero… ¿lo estamos enfocando bien?, ¿tenemos claro qué es el autocuidado?

Con este post no pretendo darte una clase magistral sobre lo que es o no es el autocuidado ni cómo deberías de practicarlo.

De hecho, uno de mis mantras alrededor de este tema es “que nadie te diga qué es autocuidado para ti”.

Porque la realidad es que somos únicas. Y no solo nosotras como seres individuales que somos, sino que también son únicas las circunstancias que nos rodean y las mochilas con las que hacemos este “viaje” de la maternidad.

Con lo cual, parece poco razonable que alguien nos diga (o nos trate de influir) sobre cómo he de cuidarme yo.

Pero lo que sí podemos hacer es reflexionar sobre todo ello para explorar este terreno y averiguar qué pienso realmente sobre el autocuidado y si estoy o no atendiendo mis necesidades reales.

Hace ya tiempo que escuché esta bienintencionada frase; “CUÍDATE PARA CUIDAR”

Creo que fue en un taller de Disciplina Positiva. En aquel momento tuvo mucho sentido para mí el hecho de que cuidarme era algo importante. Pero según avanzaban los días y analizaba mejor lo que este mantra traía de fondo, había algo que me chirriaba. 

Y suelo hacer casos a estas señales que me envía mi cuerpo. Así que comencé a observarme, a observar a otras mujeres, a otros hombres, madres y padres o no… 

Y entonces me di cuenta del mensaje subliminal. 

Veía a mi pareja yéndose a hacer deporte para cuidarse y no me daba la sensación de que lo hiciera por otro motivo que no fuera el de relajarse y cuidarse. 

Y cuando yo quería hacer algo “para mí” en mi cabeza resonaba ese “venga, tienes que ir a yoga, que luego si no estás desquiciada con los niños… recuerda, cuídate para poder cuidar

¿Cuídate para poder cuidar?, ¿en serio?, ¿no puedo cuidarme porque me quiero?, ¿no podemos atender nuestras necesidades por el simple hecho de que somos valiosas por quienes somos?

Las alarmas se encendieron y me vino un tufillo a patriarcado impuesto, a idea machista y antigua de “las mujeres cuidan de los otros” camuflado en un moderno “pero tú importas también”.

No, no lo compro. 

Porque… ahora analicemos todo esto.

¿qué ocurre si nos cuidamos con este objetivo?

¿y si a pesar de cuidarme, sigo gritando, amenazando y no comprendiendo por qué mi hijo se comporta de esa manera? ¿

¿y si “me cuido para poder cuidar” y luego sigo sintiéndome incapaz de hablar bien a mi pareja? 

Pero si se supone que si me cuido, voy a ser capaz de cuidar a los míos, ¿no?

Obviamente esto no funciona así. Este intercambio nos oprime.

Y la clave está en el OBJETIVO. Está mal formulado.

¿Para qué te cuidas? ¿Cuál es tu objetivo?

Si te cuidas que sea para ti, para tu bienestar, porque si te quieres, te cuidas. Y si no te quieres, aún con más razón has de cuidarte y mimarte. Eres lo más importante de tu vida. Pero sin presiones. Sin más objetivo que el de atenderte, conocerte, disfrutarte y amarte.

Y ese autocuidado real tendrá un efecto secundario clarísimo: te sentirás mejor.

¿Y qué ocurre cuando nos sentimos mejor? Que “nos portamos mejor”. 

Estarás de mejor humor, serás más comprensiva y podrás tener una mirada hacia todo lo que te rodea mucho más bonita.

Pero repito… esa es una consecuencia, no un objetivo.

Una vez aclarado esto, te invito a pensar, entonces,

¿QUÉ ES PARA TI EL AUTOCUIDADO?

Yo te ofrezco una definición “paraguas” para que puedas reflexionar sobre ello y averiguar qué cosas concretas podrían ser “autocuidado” para ti, con todas tus luces, tus sombras, tu mochila y tus circunstancias.

Para mí, el AUTOCUIDADO es “todo acto o pensamiento que mejore tu experiencia vital”

Es decir, todas aquellas acciones o todos esos pensamientos que tenemos que nos proporcionen un bienestar que sin ello, no sería posible.

No se trata de pensar en grandes cosas. No es cuestión de hacer grandes viajes, de ir a la peluquería, de hacer ejercicio 3 días por semana. No.

El autocuidado real debería ser sencillo.

Cuando afrontas una tarea que no te gusta, ¿cómo lo haces?

Precisamente hoy he estado haciendo todo el papeleo del trimestre para enviar a mi gestoría. Os podéis imaginar lo divertido que es.

Pero he decidido cuidarme. Me he preparado mi mesa de trabajo. Me he subido un termo con una infusión para que durante toda la mañana tuviese algo calentito que tomar, porque fuera hace un día muy desapacible. 

Me he puesto cómoda, nada de vaqueros ni ropa incómoda y he pensado que, a pesar de que la tarea que me tocaba hacer no era de mi agrado, me sentía afortunada porque normalmente, mi profesión me apasiona.

¿Lo ves? Para esto no hace falta reservarse un hueco en la agenda, ni pagar un dinero. Y os puedo asegurar que es autocuidado. 

Seguro que puedes rescatar muchos de esos momentos de tu día a día en los que hay algo que puedes hacer o pensar para mejorar tu experiencia vital. 

Aquí te dejo algunos ejemplos de autocuidado real… la lista puede ser infinita, te animo a elaborar la tuya.

  • unos calcetines calentitos.
  • una infusión recién hecha.
  • mirarme al espejo y decirme “hoy me trato con cariño”.
  • una mantita sobre los hombros.
  • las tostadas calentitas por la mañana.
  • un desayuno en silencio. 
  • cantar a todo volumen en el coche.
  • poner un límite.
  • decir que NO. 
  • cuidarme por fuera y por dentro de forma respetuosa.
  • pensar en todo lo bueno que me rodea.
  • una ducha consciente y tranquila.
  • una cena rica.
  • una buena conversación.
  • leer.
  • practicar el agradecimiento.
  • parar y observar.

Y si tras tratarte con amor y practicar el autocuidado real, sientes que no atiendes a los demás como te gustaría, entonces eso es otra cuestión, otro objetivo y otro “entrenamiento”. 

Será la falta de recursos, por ejemplo. Para ello te podría venir bien una formación.

Quizás sea por una carencia en la gestión emocional. Para ello puede que necesites un acompañamiento individualizado.

Puede que se deba a heridas más profundas que han de tratarse en terapia.

Quizás la situación con tu pareja está siendo complicada y el mal ambiente familiar está haciendo que no te encuentres bien.

O puede que haya una necesidad de otro tipo que no tienes cubierta y que te está afectando de alguna manera…

Ese será el trabajo a iniciar posteriormente. Ese es otro objetivo. 

Pero tú cuídate como cuidarías a lo más preciado de tu vida. Cuídate para ti. Cuídate hacia adentro.

Y algún beneficio “hacia afuera” tendrá.

Juntas, nos cuidamos.

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