1FebAutoestima II | Cómo trabajar la Baja Autoestima en niños Decomadreo con Rocío Yllas

Autoestima II | Cómo trabajar la Baja Autoestima en niños

Es necesario mirar hacia adentro y darnos cuenta de cuánto de nuestra expectativa hay en ese globo que ahora se ve algo arrugado. Como vimos en la Primera Parte de este post sobre la baja autoestima en niños, tenemos un papel importante en la seguridad, la confianza y el estima que tienen nuestros hijos sobre sí mismos.

A veces les hacemos sentir que son torpes, simplemente con un mal gesto si tiran el vaso de leche.

O que molestan, con resoplidos tras un simple “mamaaaaa”.

Le comparamos con su hermano o con una amiguita, le gritamos, le humillamos delante de los demás, ridiculizándoles.

O sienten que nos han decepcionado.

Les hacemos creer que sus constantes necesidades son el problema de nuestro mal humor. No es que se lo digamos, es que lo interpretan.

Es cierto que después, otras variables ajenas a nosotros, influyen en la autoestima de nuestros hijos e hijas, mermándola, dañándola.

Burlas de otros adultos, de otros niños. Desprecios, bullying, marginaciones, humillaciones…

Sin embargo, si hemos trabajado la autoestima en casa, si hemos permitido que no se vea dañada, o si hemos trabajado en recuperarla, en potenciarla cuando nos hemos dado cuenta de que hemos tenido mucho que ver con ese bajo nivel de amor propio, afrontarán esas otras situaciones con los demás de una manera mucho más segura, marcando con determinación ciertos límites, con la seguridad de que son valiosos y merecen respeto.

Para trabajar la baja autoestima en niños, contando con que ya hemos atravesado esa primera fase de toma de responsabilidad, te invito a poner en marcha los siguientes pasos.

Paso 1: Ten una conversación honesta con tu hija o hijo.

Explícale, adaptando el discurso a su edad, qué es lo que sientes, de qué te has dado cuenta y cómo te gustaría haberlo hecho.

Sólo con esta conversación, y la energía que va implícita en ella, los niños podrán comprender que no estaban equivocados necesitando todo aquello que no obtuvieron, sintiendo todo lo que sintieron.

Recuerda por un momento tu infancia. Piensa en todo eso que hicieron contigo que ahora comprendes que pudieron influir en tu autoestima.

Imagina que tus adultos de referencia, tu madre o tu padre, te dijeran estas palabras:

“Hija, siento no haberte atendido cuando llorabas en la noche. Siento no haber considerado importantes tus problemas. Siento no haberte abrazado cuando te caías en el parque, en lugar de decirte que te levantases, que no había sido nada. Siento no haberte dejado meterte en la cama por la noche cuando tenías miedo….”.

¿Cómo te sentirías al escucharlo? Incluso ahora, de adultas, esas palabras son un bálsamo que calma nuestra alma. Nos ofrece la oportunidad de encajar algunas piezas y de tener la certeza de que nada malo había en ser “llorona” como te decían… o “miedica”, o “torpe”.

Esas palabras te confirmarían que el problema no eras tú, sino la interpretación errónea que el adulto hacía sobre tus propias necesidades.

Esto es lo que te invito a hacer con tus hijos si has detectado niveles bajos de autoestima y crees que pudiste tener algo que ver.

No importa si son pequeños.

Parece que la autoestima infantil nos empieza a preocupar a partir de los 6 años, pero la realidad es que desde mucho antes podemos realizar acciones que ayuden a fortalecerla.

Paso 2: Deja que se expresen.

Sería muy reparador también para ellos que pudieran compartir qué sienten que les faltó, cómo les hubiera gustado que fuera y qué estamos a tiempo aún de ofrecer.

Puede que ahora quieran dormir a tu lado, o que necesiten que entiendas sus gustos estéticos o alimenticios. Quizás quieren jugar más contigo, o hacer su hobbie favorito en tu compañía.

Ofrecerles un espacio íntimo, libre de juicios, de regañinas, en el que nuestra única intención sea escucharles y acoger todo aquello que quieran expresar, desde la emoción que sientan… rabia, tristeza, vergüenza…

Quizás descubras que muchas de las necesidades que tuvieron y no cubriste, estás aún a tiempo de hacerlo. Para muchas cosas, no será tarde.

En mi caso, el colecho con mi hija mayor ha sido un caso perfecto de reparación de baja autoestima en niños.

Nuestra decisión fue la de no colechar, entendíamos que era más cómodo para todos (también para ella), que durmiera en su habitación.

Cuando se despertaba por las noches, acudíamos a su cama, sentados a su lado, hasta que se volvía a dormir. Pero en ocasiones, tardaba mucho en dormirse y la paciencia se nos acababa.

No atendimos sus necesidades de contacto nocturno como ella pidió, y hubo noches en las que, sin duda, se sintió sola, desatendida, rechazada.

Cuando fuimos conscientes de esto, y tras el primer paso que acabo de compartirte, le ofrecimos la posibilidad de colechar con nosotros siempre que lo necesitara.

Ya tenía 4 años.

Y decidió que quería seguir en su habitación. Pero cada vez que se despierta y nos necesita, no tardamos ni un segundo en acostarnos con ella, ya sea en su cama o en la nuestra.

No juzgamos, no nos quejamos. Simplemente le ofrecemos todo nuestro amor. Ese que no le llegó en aquellas ocasiones cuando era un bebé.

De esta manera, un poquito de aire entró en ese globo… y lo notamos.

Paso 3: Compromiso para “dejar ser”.

Cuando ya hemos tomado consciencia de todo esto, empezamos a detectar áreas en las que, de alguna manera, hemos cometido ese abuso emocional.

Con todo nuestro amor y nuestra buena intención, pero puede que, tras leer este post completo, hayas reflexionado sobre muchos aspectos de tu maternidad y hayas identificado que quizás, en algunas cosas, estás cubriendo tu propia necesidad, y no la de tu hijo o hija.

Nos toca comprender que la mejor manera de que la baja autoestima en niños pueda ir resolviéndose poco a poco, es que les dejemos SER lo que han venido a SER, como siempre cita Yvonne Laborda.

Quizás haya áreas en las que nos cueste más, por nuestras creencias o vivencias. Es ahí donde podemos hacer un verdadero ejercicio de crecimiento.

Nuestros hijos se merecen ser guiados, pero no manipulados.

Nuestra influencia, sí, nuestra imposición, no.

Cuando guiamos y acompañamos desde el respeto, preservamos su autoestima.

Cuando imponemos y obligamos, dañamos su autoestima.

Así que te invito a revisar minuciosamente (mejor si tiras de papel y boli) qué es eso que aún no estás respetando de tu hijo o hija.

Revisa si te ha dicho demasiadas veces que quería llevar una u otra ropa, o que no quería llevar eso que tú habías decidido que se pusiera.

Guiar sería no dejarle salir en bañador en invierno, o ir en chanclas a una boda.

Imponer y obligar es no dejarle elegir el gorro porque no combina con el resto del conjunto, o ponerle esos zapatos incomodísimos sólo porque a ti te gustan.

Revisa si demasiadas veces peleas por la comida.

Guiar sería cuidar su alimentación para que sea completa, sana, ofreciéndole opciones cuando algo de lo que tendría que consumir, no le agrada. Otras formas de cocinarlo, otras maneras de acompañarlo o presentarlo en el plato…

Imponer y obligar sería que todas las veces tenga que comer los garbanzos en sopa con fideos, pese a que lo detesta y en la cantidad que tú decides.

Revisa si demasiadas veces le dices “espera” cuando te reclama.

Si le miras más allá de su desempeño escolar.

Si valoras su esfuerzo, sus fortalezas, sus cualidades, aunque no sean las que tú esperabas.

Si respetas sus amistades, sus conversaciones, sus gustos.

No se trata de consentir todo lo que ellos desean. No si eso que desean no es bueno para ellos.

Se trata de no despreciar lo que desean. De no invalidar, o rechazar.

Este trabajo de aceptación, que nos corresponde a los adultos, es sin duda la mejor herramienta, actividad o recurso para fortalecer la baja autoestima en niños.

Si nosotros les aceptamos tal y como son, también se aceptarán ellos.

No obstante, existen dinámicas, juegos, lecturas, que también pueden sumar para que todo este trabajo que acabamos de desgranar, sea aún más completo.

Aunque insisto, no hay cuento, ni juego ni dinámica más potente que la aceptación para que nuestros hijos tengan un buen autoconcepto y una buena autoestima.

Cuéntame si te apetece cómo te sientes y cómo te llega todo esto…

Gracias por leerme con voluntad de crecer, con ganas de mirarnos por dentro y descubrir nuestra alma para conectar con el alma de nuestros hijos.

Ojalá sume.

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